Seguro que son muchas las madres que como yo nunca ven el mejor momento para despojar a tu hijo de su mejor aliado: el pañal. Y es que en espera de encontrar el momento más adecuado para comunicar a tu hijo que tiene que dejar el pañal, nos van saliendo canas y más canas, porque nunca, al menos en mi caso, es buen momento. Me parecía una crueldad quitarle el pañal a un niño que yo creía no preparado ( emocionalmente me refiero, ya que como sabemos fisiológicamente lo están ya desde que dan sus primeros saltos, signo inequívoco de que ya pueden controlar los esfínteres ). La verdad es que a pesar de que sabía que eso era una utopía, esperaba a que viniera antes de que le salieran pelos en el pecho a decirme: "mamá, he decidido que ya no quiero usar más el pañal". Lógicamente eso no iba a pasar. ¿Y qué fue lo que me animó a dar el paso? El hecho de que en septiembre empiece el colegio me agobio un poquito. Todo el mundo insiste en que el mejor momomento es el verano, por el tema del calor, la ropa que es más cómoda para andar subiendo y bajando, pero a mí me daba miedo que no le diera tiempo, si...vale...que son 3 meses para aprender, pero yo tenía mis dudas. Ahora veo lo poco que confiaba en mi niño,¡ Cómo no lo iba a hacer bien en tres meses?! Cosas de madres... Otro motivo que me animó fue el no encontrar unos pañales que se le adaptarán bien, que no le marcarán las costuras y que no le produjeran granos en el culillo. Estamos hablando de un niño de casi tres años, el cuerpo ya es más grande, los movimientos ya son diferentes, el pis más ácido... Además cada vez era más difícil hacerle el cambio del pañal. Sus piernas me pesaban mucho, a él le molestaba cada vez que le cogía de las piernas como cuando era un bebé. Otro punto que me ayudó a dar el paso, fue el hecho de que en una reunión de buenas madres una de ellas comentará que su hija de año y medio ya no llevaba pañal. Cómo? ?!! Fue como un toque de atención, encendió todas mis alarmas e hizo darme cuenta de que yo misma, en el intento de llevar este tema de la manera más respetuosa posible para el niño, no lo estaba dejando evolucionar. Así que de una manera totalmente convencida y segura, esperé al martes ya que hasta el viernes no vuelvo a trabajar, y se lo quité. Días antes se lo fui diciendo y comprando calzoncillos de coches, dinosaurios y él estaba tan contento con su nueva ropa interior.
Martes,14 de febrero del 2017, San Valentín y el día que Adrián dejó el pañal. Un día para recordar.
A los cinco minutos de dejarlo, aparece su primer escape, poco la verdad. Poco después segundo escape, este ya bastante generoso y con charco incluido en el suelo.
Después les visto y nos vamos de compras, era San Valentín y quería preparar alguna cosilla especial. Cargo la mochila con pantalones y calzoncillos de recambio y arrancamos.
Le voy recordando que no tiene pañal, que me avise si quiere hacer pipí. Pero él todo orgulloso, me dice que no tiene ganas.
Estaríamos unas dos horas y pico fuera de casa, fue todo un campeón! Ni una gotita que echó y justo cuando íbamos a entrar en el ascensor...Se mojó el pobre.
Yo le quité importancia a los escapes, le insistía en que eso pasaba porque estaba aprendiendo, que era normal.
Pasó el resto del dia sin hacerse pis, lo pedía cada vez que tenía ganas. En este punto he de decir, que tardaba muchas horas de un pis a otro, supongo que aún le daba algo de reparo.
Así llegó la noche, hizo un pis antes de dormir y... se levantó seco!! Y hasta hoy...
Todo ha ido genial, ya se atreve a hacer pis fuera de casa, lo pide más veces y salvo un par de noches que se mojó, todo va de maravilla.
Eso sí, la caca...la caca ha sido más difícil... Las primeras veces se lo hizo encima y me avisó una vez lo tenía todo en el calzoncillo. Después era consciente de que tenía ganas, se sentaba y se levantaba rápido diciéndome que ya no tenía ganas. Asi estaría como una semana más o menos, luchando contra él mismo para que no le saliera la caca. Además dejó de hacer caca todos los días, día si día no...Me decía cuando le sentaba:" no quiero, que so lo me va a salir la caca y me da cosa".
Y esto, yo creo que es algo bueno de habérselo quitado con casi tres años, que ya es consciente, que te dice lo que le pasa y lo que siente y que entiende que es un aprendizaje y que sabe que esa es la forma más natural de aprender: equivocarse.
Y hoy, hoy por fin, la hizo en el orinal! Después de estar sentándose cada dos minutos, porque tenía la necesidad, pero "le daba cosa".
Aclaro que no fue por voluntad propia, jijiji, después de una hora sentándose y levantándose del orinal, le pillé plantado en la sala con cara de....in ss ss y me lo llevé corriendo al orinal. Al fin lo hizo y yo hice fiesta!!!
Sabía que no había acabado pero él se quiso levantar y yo le dejé. A los dos minutos fue él el que me dijo que quería hacer más, le senté y todo fluyó...ja ja ja
Y esta es nuestra experiencia, yo diría que...ÉXITO ABSOLUTO!!!!
Siempre nos han hablado de la maternidad de una manera idílica,romántica y muchas veces poco realista. Por eso con este blog intento cubrir todas aquellas dudas, problemas o dificultades que se nos presentan día a día a las mamás primerizas y que muy pocas veces son comentadas por otras madres que nos hacen creer que la maternidad es un cuento de hadas.
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domingo, 26 de febrero de 2017
miércoles, 25 de mayo de 2016
TE ECHO DE MENOS
Hoy no sé muy bien como empezar el post. La verdad es que llevo tiempo queriendo hablar de este tema pero es tal la aborágine de cosas que se nos viene encima cada semana, que al final no tengo tiempo para parar dos segundos a pensarlo. Y digo pensarlo, porque no lo pienso pero sí lo siento.
Cuando empiezas una relación estás tan rodeado de feromonas, dopamina, serotonina, endorfinas y toda clase de opiaceos naturales, que parece que estés flotando todo el día y que todo tu mundo gire en torno a esa persona que has elegido para que comparta tu vida. Parece imposible que haya algo que pueda entorpecer esa senda de amor, felicidad, risas y apijotamiento constante. No te imaginas que el estrés del día a día, el trabajo y mucho menos los hijos, puedan acabar con ese estado de acoplamiento constante con la otra persona. Quizá sea cierto que las mujeres sentimos más apego hacía nuestras parejas que los hombres, que parece que vayan más por libre, pero lo cierto es que al final los problemas contínuos del día a día, acaban de golpe y porrazo con esa vida de ensueño de la que gozaban unos y otros, cada uno a su manera, en las primeras etapas de la relación.
Es cierto que con los años, el tipo de relación que mantienes con tu pareja va cambiando, y con el tiempo aprendes a conocerte, a ser más paciente y comprensivo... Madurar juntos hace que adquieras un punto de complicidad que es mucho más valorable que el pasarte todo el día pensando en esa persona embobada perdida (jijiji).
Pues bien, la llegada de los hijos, sobre todo cuando son deseados hace que esa complicidad crezca, estar juntos en esos momentos tan importantes hace que la pareja adquiera un grado de compromiso tan íntimo, que ese sentimiento que al principio desbordaba feromonas por todos nuestros poros, se transforma en un sentimiento más puro, sincero y verdadero.
El "problema" por llamarlo de alguna manera, viene cuando los niños empiezan a crecer, a tener más necesitades, a reclamarte más,cuando empiezas a dejar de tener dos minutos para ti y pasas a dedicarles todos tus ratos libre a ellos. Al final del día acabas tan agotado que sólo tienes ganas de coger la cama y cerrar la pestaña y ¡que no se le ocurra a tu pareja darte conversación en esos momentos! vamos ya sería el colmo tener que ponerte a escuchar y conversar a las 22:00 de la noche. ¿Estamos locos? esas horas son indecentes para estar de charla, ¡que la gente quiere dormir! Jajajaja.
Vale,vale, he exagerado un poco, pero sí es cierto que llevamos un mes que por unas cosas u otras, no hemos tenido tiempo para estar juntos, para darnos un abrazo, para hablar de nosostros, a veces me parece que estando juntos en el mismo salón, pareciera que estuvieramos a kilometros de distancia. Él atendiendo a la niña yo al niño, ponle tu el pijama a uno que yo le quito el pañal al otro y así van pasando los días sin poder estar dos segundos mirándonos a los ojos, sin aprovechar el rato del sofá para darnos un abrazo, sin poder estar en silencio y cogernos de la mano. Todo va a un ritmo acelerado, necesito mirarte y que me mires, que hablemos de nosotros, tengo la necesidad de decirte que te quiero, que me encanta dormir a tu lado, que espero cada día que lleguen las 19:30 de la tarde para estar a tu lado aunque cada uno esté liado me gusta saber que estás ahi. Me encanta ver los besos que les das a tus hijos, la paciencia que tienes con ellos y vale... a veces conmigo (solo a veces,jiji). Me encanta que estés en mi vida y echo de menos el no poder tener tiempo para decírnoslo.
A veces los hijos nos absorven tanto que nos olvidamos de lo que les hizo posible, el amor de la pareja, por eso intentemos cogernos de la mano, darnos un abrazo según nos cruzamos por el pasillo, no olvidarnos de nuestras parejas y sobre todo, hacer que los hijos sean partícipes del amor de sus padres.
No quiero volver a tener la sensación de echarte de menos, teniéndote tan cerca...
Cuando empiezas una relación estás tan rodeado de feromonas, dopamina, serotonina, endorfinas y toda clase de opiaceos naturales, que parece que estés flotando todo el día y que todo tu mundo gire en torno a esa persona que has elegido para que comparta tu vida. Parece imposible que haya algo que pueda entorpecer esa senda de amor, felicidad, risas y apijotamiento constante. No te imaginas que el estrés del día a día, el trabajo y mucho menos los hijos, puedan acabar con ese estado de acoplamiento constante con la otra persona. Quizá sea cierto que las mujeres sentimos más apego hacía nuestras parejas que los hombres, que parece que vayan más por libre, pero lo cierto es que al final los problemas contínuos del día a día, acaban de golpe y porrazo con esa vida de ensueño de la que gozaban unos y otros, cada uno a su manera, en las primeras etapas de la relación.
Es cierto que con los años, el tipo de relación que mantienes con tu pareja va cambiando, y con el tiempo aprendes a conocerte, a ser más paciente y comprensivo... Madurar juntos hace que adquieras un punto de complicidad que es mucho más valorable que el pasarte todo el día pensando en esa persona embobada perdida (jijiji).
Pues bien, la llegada de los hijos, sobre todo cuando son deseados hace que esa complicidad crezca, estar juntos en esos momentos tan importantes hace que la pareja adquiera un grado de compromiso tan íntimo, que ese sentimiento que al principio desbordaba feromonas por todos nuestros poros, se transforma en un sentimiento más puro, sincero y verdadero.
El "problema" por llamarlo de alguna manera, viene cuando los niños empiezan a crecer, a tener más necesitades, a reclamarte más,cuando empiezas a dejar de tener dos minutos para ti y pasas a dedicarles todos tus ratos libre a ellos. Al final del día acabas tan agotado que sólo tienes ganas de coger la cama y cerrar la pestaña y ¡que no se le ocurra a tu pareja darte conversación en esos momentos! vamos ya sería el colmo tener que ponerte a escuchar y conversar a las 22:00 de la noche. ¿Estamos locos? esas horas son indecentes para estar de charla, ¡que la gente quiere dormir! Jajajaja.
Vale,vale, he exagerado un poco, pero sí es cierto que llevamos un mes que por unas cosas u otras, no hemos tenido tiempo para estar juntos, para darnos un abrazo, para hablar de nosostros, a veces me parece que estando juntos en el mismo salón, pareciera que estuvieramos a kilometros de distancia. Él atendiendo a la niña yo al niño, ponle tu el pijama a uno que yo le quito el pañal al otro y así van pasando los días sin poder estar dos segundos mirándonos a los ojos, sin aprovechar el rato del sofá para darnos un abrazo, sin poder estar en silencio y cogernos de la mano. Todo va a un ritmo acelerado, necesito mirarte y que me mires, que hablemos de nosotros, tengo la necesidad de decirte que te quiero, que me encanta dormir a tu lado, que espero cada día que lleguen las 19:30 de la tarde para estar a tu lado aunque cada uno esté liado me gusta saber que estás ahi. Me encanta ver los besos que les das a tus hijos, la paciencia que tienes con ellos y vale... a veces conmigo (solo a veces,jiji). Me encanta que estés en mi vida y echo de menos el no poder tener tiempo para decírnoslo.
A veces los hijos nos absorven tanto que nos olvidamos de lo que les hizo posible, el amor de la pareja, por eso intentemos cogernos de la mano, darnos un abrazo según nos cruzamos por el pasillo, no olvidarnos de nuestras parejas y sobre todo, hacer que los hijos sean partícipes del amor de sus padres.
No quiero volver a tener la sensación de echarte de menos, teniéndote tan cerca...
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